HISTORIA DMD

La fundación de la AFDMD


El 11 de noviembre de 1983 el diario 'El País' publicó la siguiente carta al director:

"Me encuentro gratamente sorprendido por la reciente aparición en su diario (el pasado 29 de octubre) de un artículo sobre la Asociación (francesa) para el Derecho a Morir con Dignidad. Hace tiempo que persigo la creación de una asociación parecida en España, y desearía dar a conocer mis intenciones. Soy miembro de The Voluntary Euthanasia Society, de Londres, desde mayo del presente año (1983), y he intentado contactar con todas las sociedades de esta índole que conozco (más de 30 en todo el mundo). Actualmente dispongo de información recibida de 15 asociaciones, cuyas actividades se centran en los siguientes puntos:

Distribución de impresos para la formulación de una declaración en la que el sujeto expresa su voluntad de no ser mantenido artificialmente con vida si no existen posibilidades razonables de recuperación (eutanasia voluntaria pasiva) y de recibir la medicación necesaria para mantenerle libre de dolor y sufrimiento, aunque ello acelere el momento de su muerte.
Propuestas de clarificación y modificación de leyes en defensa del derecho a morir. En particular: legalización de la eutanasia voluntaria activa para los enfermos en estado terminal, que se practicaría siempre a petición del sujeto y con las debidas garantías (15 Estados en EE UU han aprobado en los últimos siete años diversas leyes concernientes al derecho a morir).
Promoción de un clima de opinión pública favorable y tolerante con el derecho a morir con dignidad.
Algunas asociaciones distribuyen entre sus miembros un libro o folleto con instrucciones y consejos para la práctica de la autoliberación (suicidio en circunstancias que justifican la eutanasia voluntaria: normalmente, enfermedad en estado terminal).

Estoy de acuerdo con la afirmación de Monique Badarciux sobre la falta de demanda social en España respecto al derecho a morir, por lo cual puede ser aún prematuro el intento de crear una asociación española en su defensa. No obstante, la demanda surgirá, sin duda, en cuanto haya oportunidad de plantear el problema y de reflexionar sobre el mismo, para lo cual será decisivo el papel de los medios de comunicación. En particular, le invito a que publique mi carta en su diario, así como las que pudieran escribir otras personas interesadas por el tema. Por ahora, daré una dirección donde podrían comunicar conmigo todas las personas que lo desearan: Miguel A. Lerma. Apartado 60.044. Madrid.

Si la asociación española se creara a tiempo, quizá podríamos participar en la próxima conferencia internacional de Asociaciones pro Derecho a Morir con Dignidad, que se celebrará en Francia el próximo año."


Tras esta invitación unas doscientas personas se pusieron en contacto entre sí y crearon la “Asociación Derecho a Morir Dignamente", ADMD, (la denominación alternativa fue Sociedad pro Eutanasia Voluntaria), fundando el movimiento pro derecho a morir dignamente en el estado español.

En el mundo, la primera asociación en defender el derecho a morir con dignidad fue la asociación Exit (actualmente VES: Voluntary Euthanasia Society), creada en el Reino Unido en 1935, siguiéndole la Euthanasia Society of America, que reivindica desde 1938 que se incluya el "derecho a morir" en la Declaración Universal de Derechos Humanos. A partir de los años setenta el movimiento se extiende por otros países, fundándose la Federación Mundial de Sociedades pro Derecho a Morir (World Federation of Right to Die Societies), actualmente con 38 asociaciones de 23 países.

En noviembre de 1984 el Ministerio del Interior denegó la inscripción de la ADMD porque sus fines contravenían el Código de Deontología Médica, "de reconocida utilidad profesional y pública para el ejercicio profesional de la medicina", incurriendo en el delito de inducción al suicidio. La asociación recurrió aduciendo que el código deontológico sólo afecta a un determinado colectivo profesional, careciendo de carácter normativo, y que de los fines no cabe deducir que la ADMD preste ayuda material para el suicidio. Se organizó una recogida de firmas de apoyo entre personas conocidas (intelectuales, juristas, médicos, actores…) y asociaciones pro derecho a morir de todo el mundo. ¿Qué ha cambiado desde entonces?

“Ya son varias las cartas que le he escrito y, naturalmente, no las ha publicado. Ahora me dirijo a usted porque esta vez ya me afecta muy directamente el asunto de que se trata: la denegación de inscripción en el registro de asociaciones del Ministerio del Interior a la Asociación pro Derecho a Morir Dignamente. ¿Cómo puede un poder extraño a mi persona impedirme buscar ayuda y comprensión para que el fin de mi vida, en lugar de ser horroroso -tengo cáncer-, sea al menos amable? ¿Qué clase de autoridad tiene quien puede inmiscuirse en la intimidad más profunda de mi conciencia para convertir en delito lo que para él, o ellos, es un pecado de su religión? ¿Hasta cuándo tendremos que estar sufriendo por la falta de sentido común de algunos? ¿Para cuándo el cambio prometido? ¿Es que habrá cambio alguna vez en este país? Señor director, le sugiero que promueva un amplio debate en su periódico sobre lo que significan las palabras democracia, libertad, tolerancia, propiedad e igualdad. Seguro que leeremos cosas muy sabrosas y pintorescas. Podría empezar por preguntárselo a la Dirección General de Política Interior, que ha decretado la no inscripción de nuestra asociación”.

Vicente Arribas Vázquez
Socio fundador de la Asociación DMD
'El País', 11/12/1984

 

“La Sociedad Alemana para una Muerte Humana, que fue fundada en 1980 y que cuenta con 10.000 miembros en la República Federal de Alemania, ha tenido noticias de que el Gobierno quiere privar de sus derechos legales a nuestra filial española, llamada Asociación al Derecho de Morir Dignamente. De forma semejante a cómo se procede contra nuestra sociedad hermana procedió Franco contra los cristianos protestantes. Es asombroso que un Gobierno socialista continúe la funesta tradición de la Inquisición católica. Mientras nosotros y nuestra sociedad hermana española buscamos el derecho a decidir sobre nuestra vida y nuestra muerte, esa Inquisición querría que solamente la Iglesia y el Estado dispusieran de la vida de cada uno. Esta tradición se mantendrá hasta que el derecho a la autodeterminación de los hombres, que también es válido para las últimas fases de la vida, no sea reconocido por las leyes españolas. Movimientos como el nuestro existen en todos los países industrializados occidentales. Solamente donde gobiernan dictaduras o regímenes autoritarios se procede como en España. Rogamos que haga todo lo que esté a su alcance para que nuestra sociedad hermana pueda existir legalmente”.

Hans Henning Atrott
Presidente de la Sociedad Alemana para una Muerte Humana
'El País', 14/12/1984

 

“El Gobierno y la muerte”.

Las críticas arrecian contra el Gobierno socialista porque no ha cambiado la forma de vivir de los españoles; ahora sabemos que tampoco quiere cambiar, ni dejar que cambie, la forma de morir. La negativa del Ministerio del Interior -recurrida ahora ante la Audiencia- a admitir en su registro a la Asociación Derecho a Morir Dignamente reproduce antiguas situaciones: el rechazo de 1936 en la Cámara de los Lores a una agrupación semejante -la Voluntary Euthanasia Legislation Society- o la prohibición en 1938 de la Euthanasia Society of America. El retraso de medio siglo con que se plantea el debate en España y el celo del señor Barrionuevo en la defensa de la indignidad ajena en el morir hablan bien a las claras de la ausencia de un cambio de actitudes del Gobierno socialista. Éste no distingue, como debería hacerlo, entre la observancia de unas leyes que están vigentes y no permiten la eutanasia, por una parte, y, por otra, la constitución legal de una sociedad que, como cualquiera y en cualquier caso, ha de tener perfecto derecho a pretender una modificación de las leyes penales a partir de una muestra de argumentos y de opiniones. Las razones denegatorias del Ministerio del Interior son endebles. Desposar el Código de Deontología Médica e interpretarlo no entra en sus atribuciones y puede causarle numerosas contradicciones en el futuro, como en el caso del aborto se las ha proporcionado ya, y equiparar la noción de muerte digna al suicidio es un equívoco y un error; pero, además, en España el suicidio no está penado por la ley, aunque sí lo esté la inducción y la colaboración. Esto resulta también contradictorio: supone calificar de delito la ayuda a cometer lo que no es un delito. Las leyes actuales en España, y en gran parte del mundo, son muy poco claras con respecto a esta cuestión, y no parece que el Ministerio del Interior pueda oponerse a la legalización de una asociación que pretende crear el clima necesario para esclarecerlas en un determinado sentido.

En cuanto al fondo del debate, es tan complejo que desde Sócrates viene acumulando datos, juicios y opiniones del más variado signo. Hoy, en favor de la eutanasia, e incluso del suicidio, e independientemente de los trazos que cada religión les dé con arreglo a sus principios, existe una mayor tendencia a la disponibilidad absoluta del propio cuerpo, y la noción de que la antigua moral que consideraba la vida humana como necesaria para otros -familia o dependientes- no puede prevalecer más allá de lo voluntario; incluso se ha desmontado el siniestro juego del esclavismo -del que deriva una idea general de la propiedad ajena del ser humano-, que llevaba a la persona a situaciones límite de producción cortándole la única salida, la de su muerte, incluso por un terrorismo metafísico, para conservar su propiedad. Permanece la idea de que la eutanasia no puede equipararse, de todas formas, al suicidio, sino a la elección entre dos formas de muerte.

En contra de esta idea de la eutanasia como muerte digna está la duda creciente acerca de la situación terminal, el concepto mismo del momento de la muerte. La ciencia ha progresado y progresa cada día, y el brote de la esperanza, incluso más allá de algunos diagnósticos, se mantiene más allá que en tiempos pasados. Las técnicas de injertos o de implantes, tan discutidas también moralmente, están por sí mismas prolongando situaciones consideradas antes como terminales. Pero la publicación de las fotografías de la agonía del dictador Franco, prolongada por medios artificiales, servirá para reflexionar sobre el tema incluso a los conservadores más recalcitrantes.

No es, naturalmente, el final del debate lo que se trata de esbozar aquí, sino el derecho al debate mismo, a la opinión del individuo en su trance intransferible, a la previsión que cada uno pueda hacer de su propia muerte y a la constitución legal de una asociación que tiene sus propias ideas acerca de este tránsito y de las leyes que lo limitan y cómo habrían de modificarse. No se les puede negar. Hacerlo responde a prejuicios religiosos teñidos de razones y a una actitud tutelar del Estado sobre la conciencia de los individuos que está fuera de todo deseo de modernización”.

Editorial de 'El País', 08/12/1984

 

El Ministerio del Interior inscribió a la ADMD el 13 de diciembre de 1984 con el número 57889, legalizando un movimiento ciudadano de respeto a la libertad del individuo al final de su vida.

Desde entonces, tras casi 30 años, morir con dignidad continúa siendo un privilegio para unos pocos, destacando cuatro fechas más o menos representativas de los tímidos cambios ocurridos:

1. En 1986 la Ley General de Sanidad reconoce explícitamente el derecho del paciente a negarse a un tratamiento, requiriendo su consentimiento para cualquier tipo de intervención.

2. En 1995 el nuevo Código Penal suaviza las penas por suicidio asistido y eutanasia.

3.
El 12 de enero de 1998 el tetrapléjico Ramón Sanpedro, tras solicitar ayuda para morir en los tribunales, se suicida con ayuda de otra persona, acontecimiento que por su repercusión mediática supone un hito para la eutanasia en España.

4.
En 2002 la Ley de Autonomía del Paciente profundiza en los derechos individuales regulando el testamento vital, denominado documento de instrucciones previas o de voluntades anticipadas (dejar por escrito instrucciones sobre cómo se desea ser cuidado en caso de que a consecuencia de la enfermedad no pueda expresar su voluntad).

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